jueves, 30 de agosto de 2012

Capítulo 15


-¡Catalina!, ¡Catalina!, ¿estás bien? Hace mucho que no sales del biombo.- Petra gritaba impaciente.
-Ehh… Mmmm… Sí, me.. me he quedado dormida. Lo siento.- Recordaba todo mi sueño. Sus cálidas manos en mi cuerpo, su aliento rozando mi nuca, su semblante de seductor… Pero, ¿había sido en verdad un sueño? Todo lo recordaba tan real. Pero claramente era imposible.
-Oh, no te preocupes. Supongo que los humanos debéis descansar más que nosotros y te estamos volviendo loca. ¿Puedo pasar?
-Puedes.- No quería que pasara pero al menos así ella me elegiría el vestido. Oí unos pasos acercándose y de repente vi a Petra andar hacia mí con los ojos cerrados fuertemente y los brazos estirados para no chocarse con nada. Qué pava era.- Tranquila, estoy vestida.
Esta chica hacía que sonriera. Viéndola hacer el payaso se me escapó un intento de risa y al oírlo abrió los ojos completamente, como platos, y me puso una mano en la frente.
-¿Estás bien? No tienes friebre. ¿Te duele algo? Tienes que estar mala, tú riéndote…- Había parado en seco y abierto la boca. Estaba como empanada mirando algo precioso, algo que nunca había visto en su vida. Incluso sus rizos caían sobre su cara y ella ni se inmutaba.
-¿Estás bien tú?- Pregunté, pero ella no cambiaba su semblante.
-Eh… Ese vestido, por todos los Dioses del Olimpo… ¡Es perfecto! Vamos, creo que me he enamorado de ti. ¿Cuándo dices que nos casamos?- Dejó de mirar el vestido y subió a mirarme a la cara. Yo ya no reía, la miraba sería, con lágrimas en los ojos y ternura.-No llores, ¿qué te pasa? En serio, ¿he dicho algo que te haya sentado mal?, ¿no te gusta el vestido?
-No es eso, Petra. Lloro de emoción. Nadie me había dicho antes que se había enamorado de mí. Aunque es broma, admiro tu comentario.- Dicho esto los ojos se me volvieron a llenar de lágrimas y Petra se fundió conmigo en un abrazo  en el que no paraba de decirme al oído lo bien que me iba a ir de ahora en adelante, que me prepararían para ello.
Aquí todo era distinto. Nadie te juzgaba por como ibas, ni como llevabas el pelo, ni cómo eres. Todos se respetaban y amaban a lo distinto. Nunca me sentía rechazada, sino con muchos brazos abiertos a mi alrededor con ganas de prestar ayuda. Aquí podía llorar tranquilamente, sin que nadie pensara que lo que quería era dar pena, llamar la atención. A veces es necesario tener alguien a tu lado, no como en el mundo real. Ahí cada uno sigue su camino sin importarle lo más mínimo la vida de los demás  ni el como comportarse con las personas.
En el largo abrazo de Petra me venían imágenes borrosas del sueño. Tan borrosas como si mi cerebro quisiera borrarlas, pero aún pensándolo la piel se me ponía de gallina y el aire parecía que seguía oliendo a él. Este recuerdo se me mezclaba con los de Carolina. Seguía pensando en cómo se parecían sus movimientos, sus miradas. ¿Cómo no me iba a poner y no me iba a dejar besar por Baco si era tan parecido al primer y único amor de mi vida? Cómo la echaba de menos, más que a la tumba de mis padres. ¡Más que a mi gata! Y eso era mucho decir.
-Creo que necesitas descansar.- Dijo Petra separándose de mí y arreglándose el pelo.- En unas horas tenemos que quedar para hacer más cosas respecto a la boda y no puedes estar así de atontada.
-Pero, yo quiero ver el vestido de Pandora.
-Tranquila, lo puedes ver en la boda. Así será una sorpresa. Le diré a Ara… Oh… Por favor.. ¿quién eres? Puf, déjame, que me estoy poniendo tontBACO, POR TODOS LOS DIOSES, NO ME PEGUES ESTOS SUSTOS.
-¿Yo?, ¿pegarte sustos? Que va, que va. Solo me he puesto detrás de ti y te he soplado al oído. ¿Desde cuándo te pone eso? Ya hablaré con mis amigos por si algún siglo quieren conquistarte.
Aquí estaba otra vez. Cada vez que abría la boca su voz era música para mis oídos. Cada frase que terminaba él me miraba con esa mirada que solo él sabe poner y que a mí me encanta. Iba vestido como le habíamos dejado antes. Informal, pero elegante. Como a mí me gustaba. No podía resistirme a morderme el labio mientras Petra y él discutían y yo hacía como que no me metía en su conversación. No podía dejar de pensar en él cuando sonreía y su sonrisa se me clavaba entre las cejas. Era tan perfecto. Era tan hermoso. Era….. era de Pandora, y no mío. Estaba pensando en él, en mí, en nosotros, en todo y no me daba cuenta de que le tenía ahí, delante de mí, diciéndome algo y yo sin hacerle caso.
-Eh. Tú… ¿Cómo se llama?, ¡Catalina! Que te empanas. ¿Qué pensabas?- Me preguntó él con una de sus típicas sonrisas con las que, seguramente, soñaría en unos minutos.
-En nada. No pensaba nada. Supongo que es el cansancio. Perdona, ¿qué decías?- Fue lo primero que me salió y sonó ridículo, como siempre que hablaba con él.
-Decía que voy a acompañarte a casa y que en cinco horas te recojo. Sé que no es mucho para dormir, pero no podemos darte más horas. Cuando terminemos, te dejaremos dormir lo que quieras.- Creo que al escuchar esto mi cara pasó de su blanco muerto a un color rosado, me daba demasiada vergüenza que me acompañara. Nunca había hablado con él a solas. Bueno, sí, en mis sueños.- Por cierto, precioso el vestido.- Sonreí como muestra de agradecimiento y le bajé la mira.
Todos se fueron de la habitación, esperando a que me cambiara y me pusiera el vestido de esta mañana. Me quitaba los zapatos, me descorchaba los botones, me bajaba la cremallera… todo pensando que podría hacerlo él en vez de yo. Mi razón me dio una lección y pensé que no podía seguir fantaseando de esta manera con él y con su cuerpo, que no me pertenecía y que sólo había sido un sueño. Que me gustaba solo porque se parecía a Carolina. Pensé que sería más coherente guardarme unos cuantos temas de conversación que sacarle cuando fuéramos camino a mi casa y hubiera silencios incómodos o me pusiera nerviosa. En total y mientras me vestía con mi ropa, conseguí solo un tema: Pandora. El más adecuado, no dejaba al descubierto nada de mi sueño, ni nada relacionado con mis pensamientos hacia él. Era perfecto.
Salí del biombo y ahí estaba, esperándome con las manos metidas en los bolsillos, con la mirada fija en el biombo y sus aires de Dios desbordándose por cada poro de su cuerpo.
-¿Vamos?- Me dijo alargándome su mano.
-Vamos.