-¡Catalina!, ¡Catalina!, ¿estás
bien? Hace mucho que no sales del biombo.- Petra gritaba impaciente.
-Ehh… Mmmm… Sí, me.. me he
quedado dormida. Lo siento.- Recordaba todo mi sueño. Sus cálidas manos en mi
cuerpo, su aliento rozando mi nuca, su semblante de seductor… Pero, ¿había sido
en verdad un sueño? Todo lo recordaba tan real. Pero claramente era imposible.
-Oh, no te preocupes. Supongo que
los humanos debéis descansar más que nosotros y te estamos volviendo loca.
¿Puedo pasar?
-Puedes.- No quería que pasara pero
al menos así ella me elegiría el vestido. Oí unos pasos acercándose y de
repente vi a Petra andar hacia mí con los ojos cerrados fuertemente y los
brazos estirados para no chocarse con nada. Qué pava era.- Tranquila, estoy
vestida.
Esta chica hacía que sonriera.
Viéndola hacer el payaso se me escapó un intento de risa y al oírlo abrió los
ojos completamente, como platos, y me puso una mano en la frente.
-¿Estás bien? No tienes friebre.
¿Te duele algo? Tienes que estar mala, tú riéndote…- Había parado en seco y
abierto la boca. Estaba como empanada mirando algo precioso, algo que nunca
había visto en su vida. Incluso sus rizos caían sobre su cara y ella ni se
inmutaba.
-¿Estás bien tú?- Pregunté, pero
ella no cambiaba su semblante.
-Eh… Ese vestido, por todos los
Dioses del Olimpo… ¡Es perfecto! Vamos, creo que me he enamorado de ti. ¿Cuándo
dices que nos casamos?- Dejó de mirar el vestido y subió a mirarme a la cara.
Yo ya no reía, la miraba sería, con lágrimas en los ojos y ternura.-No llores,
¿qué te pasa? En serio, ¿he dicho algo que te haya sentado mal?, ¿no te gusta
el vestido?
-No es eso, Petra. Lloro de
emoción. Nadie me había dicho antes que se había enamorado de mí. Aunque es
broma, admiro tu comentario.- Dicho esto los ojos se me volvieron a llenar de
lágrimas y Petra se fundió conmigo en un abrazo
en el que no paraba de decirme al oído lo bien que me iba a ir de ahora
en adelante, que me prepararían para ello.
Aquí todo era distinto. Nadie te
juzgaba por como ibas, ni como llevabas el pelo, ni cómo eres. Todos se
respetaban y amaban a lo distinto. Nunca me sentía rechazada, sino con muchos
brazos abiertos a mi alrededor con ganas de prestar ayuda. Aquí podía llorar
tranquilamente, sin que nadie pensara que lo que quería era dar pena, llamar la
atención. A veces es necesario tener alguien a tu lado, no como en el mundo
real. Ahí cada uno sigue su camino sin importarle lo más mínimo la vida de los
demás ni el como comportarse con las
personas.
En el largo abrazo de Petra me
venían imágenes borrosas del sueño. Tan borrosas como si mi cerebro quisiera
borrarlas, pero aún pensándolo la piel se me ponía de gallina y el aire parecía
que seguía oliendo a él. Este recuerdo se me mezclaba con los de Carolina. Seguía
pensando en cómo se parecían sus movimientos, sus miradas. ¿Cómo no me iba a
poner y no me iba a dejar besar por Baco si era tan parecido al primer y único
amor de mi vida? Cómo la echaba de menos, más que a la tumba de mis padres.
¡Más que a mi gata! Y eso era mucho decir.
-Creo que necesitas descansar.-
Dijo Petra separándose de mí y arreglándose el pelo.- En unas horas tenemos que
quedar para hacer más cosas respecto a la boda y no puedes estar así de
atontada.
-Pero, yo quiero ver el vestido
de Pandora.
-Tranquila, lo puedes ver en la
boda. Así será una sorpresa. Le diré a Ara… Oh… Por favor.. ¿quién eres? Puf,
déjame, que me estoy poniendo tontBACO, POR TODOS LOS DIOSES, NO ME PEGUES
ESTOS SUSTOS.
-¿Yo?, ¿pegarte sustos? Que va,
que va. Solo me he puesto detrás de ti y te he soplado al oído. ¿Desde cuándo te
pone eso? Ya hablaré con mis amigos por si algún siglo quieren conquistarte.
Aquí estaba otra vez. Cada vez
que abría la boca su voz era música para mis oídos. Cada frase que terminaba él
me miraba con esa mirada que solo él sabe poner y que a mí me encanta. Iba
vestido como le habíamos dejado antes. Informal, pero elegante. Como a mí me
gustaba. No podía resistirme a morderme el labio mientras Petra y él discutían
y yo hacía como que no me metía en su conversación. No podía dejar de pensar en
él cuando sonreía y su sonrisa se me clavaba entre las cejas. Era tan perfecto.
Era tan hermoso. Era….. era de Pandora, y no mío. Estaba pensando en él, en mí,
en nosotros, en todo y no me daba cuenta de que le tenía ahí, delante de mí,
diciéndome algo y yo sin hacerle caso.
-Eh. Tú… ¿Cómo se llama?,
¡Catalina! Que te empanas. ¿Qué pensabas?- Me preguntó él con una de sus
típicas sonrisas con las que, seguramente, soñaría en unos minutos.
-En nada. No pensaba nada. Supongo
que es el cansancio. Perdona, ¿qué decías?- Fue lo primero que me salió y sonó
ridículo, como siempre que hablaba con él.
-Decía que voy a acompañarte a
casa y que en cinco horas te recojo. Sé que no es mucho para dormir, pero no
podemos darte más horas. Cuando terminemos, te dejaremos dormir lo que
quieras.- Creo que al escuchar esto mi cara pasó de su blanco muerto a un color
rosado, me daba demasiada vergüenza que me acompañara. Nunca había hablado con
él a solas. Bueno, sí, en mis sueños.- Por cierto, precioso el vestido.- Sonreí
como muestra de agradecimiento y le bajé la mira.
Todos se fueron de la habitación,
esperando a que me cambiara y me pusiera el vestido de esta mañana. Me quitaba
los zapatos, me descorchaba los botones, me bajaba la cremallera… todo pensando
que podría hacerlo él en vez de yo. Mi razón me dio una lección y pensé que no
podía seguir fantaseando de esta manera con él y con su cuerpo, que no me
pertenecía y que sólo había sido un sueño. Que me gustaba solo porque se
parecía a Carolina. Pensé que sería más coherente guardarme unos cuantos temas
de conversación que sacarle cuando fuéramos camino a mi casa y hubiera
silencios incómodos o me pusiera nerviosa. En total y mientras me vestía con mi
ropa, conseguí solo un tema: Pandora. El más adecuado, no dejaba al descubierto
nada de mi sueño, ni nada relacionado con mis pensamientos hacia él. Era
perfecto.
Salí del biombo y ahí estaba,
esperándome con las manos metidas en los bolsillos, con la mirada fija en el
biombo y sus aires de Dios desbordándose por cada poro de su cuerpo.
-¿Vamos?- Me dijo alargándome su
mano.
-Vamos.