viernes, 30 de diciembre de 2011

Capítulo 9


Metí la llave en mi cerradura y me di cuenta de que estaba cerrada por dentro. Qué extraño, solo tengo un juego de llaves. Solo podía significar una cosa. Llamé al timbre, su sonido pareció retumbar en toda la casa. Se escuchó el ruido de unos pasos acercándose y la puerta se abrió ante mí. Una tenue oscuridad ocupaba toda la casa y en ella flotaban cabezas sin descanso, con la mirada perdida y hablando en diferentes lenguas. Sus cuerpos reposaban sentados en sillas invisibles, pero esto era algo efímero cuando los tocabas, desaparecían sin más, sin dejar trasto de su presencia.
El purgatorio, en realidad, está en la tierra y todos los que no pueden ir allí ven muertes andando sin rumbo y con las ideas muy poco claras. Avancé lentamente haciendo crujir el suelo de madera bajo mis pies. Un paso, otro, otro, otro… Al fin llegué a la habitación de enfrente del comedor, forcejeé la puerta y entré. Un olor a Diosa consentida se filtraba tras la puerta. Encendí la luz y ahí estaba Hera, tan guapa como siempre, tumbada en mi cama y sosteniendo sobre sus manos una vida. Me volví al espejo y volví a mi estado normal, un Dios joven y desenfadado.
-Es un placer volver a verte Hera, ¿o prefieres que te llame Pandora?
- Lo hice por ti y lo sabes.- Dijo maliciosamente. Lanzó la vida fuertemente hacia la pared y puso una cara de falsa compasión.- Uno menos…
-¿Crees que se lo ha tragado?
-¿Tragárselo? Claro, ya solo tenemos que llevarla y que tu madre haga de ella tapicería real.
-La tierra es difícil… Hace 400 años que no voy a ver a mis padres, tú me has tenido informado pero, ¿Ha cambiado mucho?
-Lo suficiente. Tienes que volver antes de que la traigamos, tu madre te dará una grata sorpresa.
-¿Una sorpresa? Ya no puede ser nada más sorprendente que esto.
-Te aseguro que lo será.
-¿Qué tal está Artemisa?
- Esa impresentable sigue igual de bien que siempre.-La cara se le puso tan o más roja que el pelo.
-Recuerda que es mi prometida.
-Lo recuerdo y por eso la odio.
Me senté en la cama y ella se agarró a mí por detrás.
-¿Cuánto crees que tardarás en deshacerte de ella para estar conmigo?
-Poco, de todas formas ella tiene algo de humana.
-¿Humana?
- Estuvo con un humano que no era el elegido, puede morir, tuvo sentimientos.
-¿Tuvo sentimientos?, ¿Por un humano?, es tan repugnante… A ver, no es que no me guste tener sentimientos, pero hacia los Dioses, y no es que no quieras tenerlos hacia humanos, no puedo, no me lo consentiría si pudiera morir a partir de entonces.
-No sé si dejarla morir, al fin y al cabo después de enamorarse solo puede vivir 50 años más, y eso no es mucho. Creo que ya lo pensaré, tenemos que ir a ver a mi madre.
Y dicho esto la cogió de la mano, cerraron los ojos y juntos hicieron que sus alas se desplegaran. Salieron por la ventana y surcaron el cielo sin ser vistos, pues tenían apariencia de dos Dioses, invisibles e impunes a todo.

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