Metí la
llave en mi cerradura y me di cuenta de que estaba cerrada por dentro. Qué
extraño, solo tengo un juego de llaves. Solo podía significar una cosa. Llamé
al timbre, su sonido pareció retumbar en toda la casa. Se escuchó el ruido de
unos pasos acercándose y la puerta se abrió ante mí. Una tenue oscuridad
ocupaba toda la casa y en ella flotaban cabezas sin descanso, con la mirada
perdida y hablando en diferentes lenguas. Sus cuerpos reposaban sentados en
sillas invisibles, pero esto era algo efímero cuando los tocabas, desaparecían
sin más, sin dejar trasto de su presencia.
El purgatorio,
en realidad, está en la tierra y todos los que no pueden ir allí ven muertes
andando sin rumbo y con las ideas muy poco claras. Avancé lentamente haciendo
crujir el suelo de madera bajo mis pies. Un paso, otro, otro, otro… Al fin
llegué a la habitación de enfrente del comedor, forcejeé la puerta y entré. Un
olor a Diosa consentida se filtraba tras la puerta. Encendí la luz y ahí estaba
Hera, tan guapa como siempre, tumbada en mi cama y sosteniendo sobre sus manos
una vida. Me volví al espejo y volví a mi estado normal, un Dios joven y
desenfadado.
-Es un
placer volver a verte Hera, ¿o prefieres que te llame Pandora?
- Lo hice
por ti y lo sabes.- Dijo maliciosamente. Lanzó la vida fuertemente hacia la
pared y puso una cara de falsa compasión.- Uno menos…
-¿Crees que
se lo ha tragado?
-¿Tragárselo?
Claro, ya solo tenemos que llevarla y que tu madre haga de ella tapicería real.
-La tierra
es difícil… Hace 400 años que no voy a ver a mis padres, tú me has tenido
informado pero, ¿Ha cambiado mucho?
-Lo
suficiente. Tienes que volver antes de que la traigamos, tu madre te dará una
grata sorpresa.
-¿Una
sorpresa? Ya no puede ser nada más sorprendente que esto.
-Te aseguro
que lo será.
-¿Qué tal
está Artemisa?
- Esa impresentable
sigue igual de bien que siempre.-La cara se le puso tan o más roja que el pelo.
-Recuerda
que es mi prometida.
-Lo recuerdo
y por eso la odio.
Me senté en
la cama y ella se agarró a mí por detrás.
-¿Cuánto
crees que tardarás en deshacerte de ella para estar conmigo?
-Poco, de
todas formas ella tiene algo de humana.
-¿Humana?
- Estuvo con
un humano que no era el elegido, puede morir, tuvo sentimientos.
-¿Tuvo
sentimientos?, ¿Por un humano?, es tan repugnante… A ver, no es que no me guste
tener sentimientos, pero hacia los Dioses, y no es que no quieras tenerlos
hacia humanos, no puedo, no me lo consentiría si pudiera morir a partir de
entonces.
-No sé si
dejarla morir, al fin y al cabo después de enamorarse solo puede vivir 50 años
más, y eso no es mucho. Creo que ya lo pensaré, tenemos que ir a ver a mi
madre.
Y dicho esto
la cogió de la mano, cerraron los ojos y juntos hicieron que sus alas se
desplegaran. Salieron por la ventana y surcaron el cielo sin ser vistos, pues
tenían apariencia de dos Dioses, invisibles e impunes a todo.
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