viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 10


Volamos día y noche sin descanso, rompiendo las leyes, buscando el paraíso al que nos dirigíamos. Pero hubo un momento en el que los gritos de los muertos dejaron de oírse y sus cuerpos dejaron de levitar, llegó un momento en el que el cielo no era azul, si no verde, miles de metros de prados llenos de narcisos avanzaban sobre las espesas nubes, lagos repletos de naturaleza dejaban a los centauros beber de sus cristalinas aguas. A lo lejos podía verse un sillón cubierto de ramas en el que reposaba mi madre. Su liso pelo recogido con una cinta bajaba hasta sus caderas, su suave vestido colgado de un hombro caía hasta el suelo y su blanca piel relucía bajo el sol. Pestañé y mi madre ya estaba junto a mí, con sus dos manos cogiéndome la cara y sonriendo dulcemente.
-Bienvenido hijo mío, ven aquí, estoy demasiado orgullosa de ti como para no hacer esto.- me abrazó fuerte.- Todo este tiempo he estado mirándote desde aquí, lo has hecho muy bien, ya sólo queda una cosa.
-Ya lo sé madre, lo harás tú.
-No dudaba en hacerlo.
-Esto no ha cambiado nada desde que me fui.
-¿Por qué debería? Es la perfección Baco; donde los Dioses somos engendrados.
-¿Te deshiciste de mi prometida?
-¿Prometida? Ah… ¿Hablas de la semidiosa? No creo que merezca la pena deshacerte de ella, le queda poco.
-Hera se enfadará.
-Cría celosa, de verdad, no sé cómo te las buscas así.
Miré hacia atrás y me di cuenta de que Hera ya no estaba, podíamos hablar de ella libremente.
-Bueno, ya sabes que es su naturaleza, ella me dijo que me darías una sorpresa.
-¡Ah! Claro, no podía estarse cayada por un segundo y que tú te enteraras en el momento adecuado… En fin, sería mejor que nos deshiciéramos de ella.- Estaba realmente enfadada, tenía mucho temperamento. De repente un trueno cayó delante de nosotros y bajó hacia la tierra, ya no recordaba que cuando un Dios se enfada inicia una tormenta en el mundo mortal, pero aquí seguía ese sol resplandeciente.
-Todo a su tiempo madre, todo a su tiempo. Bueno… ¿Y la sorpresa?
Cerró los ojos y lágrimas de sangre cayeron por sus mejillas precipitándose al vacio para acabar en la suave hierba e inmediatamente de ella nació una pequeña rosa negra. Abrió los ojos, unos ojos rojos anormales que desprendían maldad. Comenzó:
“Hubo un día, hace solo 21 años, en la que tu padre, Apolo, desperdició sus días de júbilo procreando con un ser inmundo, sólo él se dignó a hacerlo. De su fantasía nació una pequeña niña blanca como la leche, de ojos grises y una madre difitdultiana. Sí hijo mío, tienes una hermana pequeña, prohibida y maldecida, y un padre promiscuo. Bueno, mejor decir tenías, ayer mismo, antes de saber de tu visita mandé matarlos a los dos* y sabes que eso no es ningún problema para mí, y no debería serlo para ti, son dos problemas menos en realidad. Pero hay algo importante en este asunto, tú sabes que el purgatorio está en la tierra y ojalá nunca más tengas que volver allí, pero tu hermana y tú padre están allí y te buscarán si vuelves, te buscarán e intentarán convencerte de que soy la mala de todo, y tú no quieres eso, ¿verdad? Conquistaremos terrenos celestiales juntos, no los necesitamos.”
*La niña es una semidiosa y su padre, después de estar con la difitdultiana, llamada Matilda, también. Los dos pueden morir.

1 comentario:

  1. Un poco extraña la historia, pero, la verdad es que me ha enganchado. Quizás hay algunas partes que no comprendí bien, pero está bien.

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